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domingo, 18 de abril de 2010

Lejanos recuerdos trujillanos de 1720

*JUAN DE DIOS SÁNCHEZ - Los grandes viajeros de la historia venezolana como Humbolt o Depons nunca visitaron las tierras trujillanas en sus andanzas por Venezuela y hay parcas referencias de otras personas que además de andar por aquellas fragosas subidas y bajadas escribieran sobre la bondad de las gentes o del clima o de las cosas que broquelaban su pequeña historia. Así cuando logramos encontrar entre los papeles los datos de viajes y viajes los resguardamos para el futuro escribiendo sobre los temas que contienen antes de devolverlos a los sagrados y silenciosos lugares donde se guardan.

Echando siglos atrás vemos que, avanzando ya las primeras décadas de 1700, en 1740 hay detalles de un viaje que realiza por las tierras de Trujillo un señor llamado Miguel de Santiesteban quien llega a Trujillo desde Mérida subiendo por Niquitao hasta llegar a Boconó que ya, en aquellos tiempos, esplendía en su valle de gracia. El viajero va advirtiendo los cambios que sufre la Naturaleza y anota datos y consejas que hablan de los cultivos de limones, de caña de azúcar, de papas, de trigo mientras, casi emborrachado por el agradable y punzante olor de la guayaba, se va acercando por Chandá, Burbusay, Miquía a las hermosas realidades de nuestro Carache de todos los tiempos que anda en días de fiesta en honor a la fiesta de la Asunción de Nuestra Señora que se celebra el 15 de agosto.

Ha debido llenarlo la paz y la alegría del pueblo que festejaba la subida en cuerpo y alma de la Madre de Jesús a los cielos con sus muchas fiestas religiosas pero con sus inevitables fiestas no tan santas, entre las que se destacaban los templetes y las ventas de comida y bebida que rodeaban la amplia plaza mayor. Hubo fiestas y risas en aquel día de agosto y su referencia a las corridas de toros y la diversión hacen notar que el viajero sentía devoción por las cosas del alma y las cosas del cuerpo y seguro estoy que cuando deja al actual estado Trujillo y al municipio Carache, vía Agua de Obispos, buscando la vía de los llanos de Carora para seguir a Caracas ha debido llevar más de una honda y persistente huella sembrada en el alma. Las pocas casas de Agua de Obispos, sus pequeñas siembras y sus escarpados caminos han debido decirle adiós hace ya varios siglos . De su narración breve y escueta hoy nos hemos valido para regresar muy atrás en el tiempo por los queridos caminos trujillanos de mitad del siglo XVII en el que abundaban tantas y tantas tradiciones que se fueron volviendo leyendas y consejas que no permiten ver la realidad del tiempo trujillano ni del trabajo de los hombres.

Hablar de las leyendas será tema de otro día pero quiero referir una que me parece hermosa. Se dice que, habiéndose llevado de las siembras de café de Chacao, el señor Francisco Labastida Briceño, tres semillas de café las sembró en su hacienda de Mendoza Fría, en algún día de un año posterior a 1798 y que su desarrollo fue la raíz de las siembras de café en nuestro Estado. Es una explicación que largamente hemos escrito en estas mismas páginas pero investigaciones que hemos conocido posteriores a nuestras palabras nos convencen de que ya, en 1796, había sembradíos de café en el estado Trujillo, que sus productos se enviaban a Maracaibo y que en los informes levantados por los funcionarios coloniales insisten en que es preciso dotar a los labradores de máquinas para descascararlo. No fue así el origen del café en Trujillo pero me hubiera encantado que hubiera sido así.

*Cronista de Baruta
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